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Medicina interna

Neumonía: Me duele respirar

Edita: David Martinez Lleida 21/feb/2017

Reconocida desde hace tiempo como una de las principales causas de muerte, la neumonía se ha estudiado intensamente desde finales de 1800. A pesar de esta investigación y del desarrollo de agentes antimicrobianos, la neumonía sigue siendo una de las enfermedades más letales en nuestros días.

La Neumonía Adquirida en la Comunidad (NAC)-también llamada pulmonía o bronconeumonía- es una infección aguda de los pulmones. Es una enfermedad grave que puede afectar a personas de cualquier edad, pero es más peligrosa en los niños muy pequeños, en los mayores de 65 años y en aquellas personas con problemas médicos subyacentes como: enfermedad cardiaca, diabetes o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Es más común durante los meses de invierno, afectando especialmente a hombres y personas fumadoras. Aproximadamente el 20% de los pacientes con NAC requiere hospitalización.

¿Cómo afecta a la respiración?

Durante la respiración normal, el aire se inhala por la nariz y por la boca y, a través de la tráquea y los bronquios, llega a los bronquiolos. Los bronquiolos terminan en unos pequeños sacos de aire, los alvéolos. En estos saquitos, que tienen paredes delgadas y porosas que contienen unos minúsculos vasos sanguíneos llamados capilares, es donde se realiza el intercambio gaseoso.

La NAC puede afectar a personas de cualquier edad, pero es más peligrosa en los niños muy pequeños, en los mayores de 65 años y en aquellas persones con problemas médicos subyacentes.

Debido a la inhalación del aire, la boca y el árbol respiratorio están constantemente expuestos a microorganismos. Sin embargo, las defensas del organismo suelen ser capaces de evitar que estos microorganismos entren en las partes más profundas y puedan lleguen a los pulmones. Estas defensas incluyen el sistema inmune, la anatomía de la nariz y de la faringe (que ayuda a atrapar patógenos y otras partículas del aire impidiendo que lleguen más abajo), la capacidad de toser, así como a unas estructuras similares a pelos finos llamados cilios, que están situados en las células de los bronquios.

La neumonía aparece si las defensas no son adecuadas, si se está expuesto a un microorganismo particularmente fuerte, o a un gran número de ellos. A medida que los microorganismos se multiplican, el sistema inmunológico responde enviando glóbulos blancos (leucocitos) a los alvéolos. Los alvéolos infectados se inflaman (se llenan de leucocitos, proteínas, fluido y hematíes, generando los síntomas de la neumonía.

¿Tenemos todos el mismo riesgo de contraerla?

Algunos adultos tienen un mayor riesgo de desarrollar neumonía. Los grupos de alto riesgo son:

  • Los mayores de 65 años.
  • Fumadores.
  • Desnutridos por alguna enfermedad o por falta de acceso a los alimentos.
  • Personas con alguna una enfermedad pulmonar subyacente, como la fibrosis quística, el asma o EPOC.
  • Padecer diabetes o enfermedades del corazón.
  • Tener sistema inmunitario debilitado debido a infección por VIH, trasplante de órganos, quimioterapia, o por el uso crónico de esteroides.
  • Tener dificultad para toser debido a un accidente cerebro-vascular, a fármacos sedantes o alcohol, o una movilidad reducida.
  • Haber tenido una infección vírica reciente en las vías respiratorias superiores como por ejemplo, una gripe.

¿Cuales son sus causas?

La neumonía puede estar causada por una gran variedad de microorganismos, entre los que se encuentran virus, bacterias y, con menor frecuencia, hongos.

La causa más común de neumonía es la bacteria Streptococcus pneumoniae (también llamada neumococo). Entre otras se encuentran el Haemophilus influenzae, la Legionella pneumophila y el Staphylococcus aureus. El Mycoplasma, que normalmente ocasiona una neumonía leve, puede también causar una enfermedad más grave.

Se calcula que los virus son responsables de menos del 20% de los casos de NAC del adulto. La gripe es una causa común de neumonía vírica.

Los hongos rara vez causan neumonía en personas sanas; aunque las que cuentan con un sistema inmunológico debilitado tienen un mayor riesgo de infección por este tipo de organismos.

La neumonía puede estar causada por una gran variedad de microorganismos, entre los que se encuentran virus, bacterias y, con menor frecuencia, hongos.

En el caso de haber viajado recientemente o se haya vivido en un área donde cierto tipo de neumonías es más común (por ejemplo: fiebre del valle o la coccidioidomicosis, en el suroeste de Estados Unidos; o, el síndrome respiratorio de Oriente Medio, en la Península Arábiga), debemos informar a nuestro médico ya que la neumonía puede estar causada por microbios nuevos -los llamados «agentes patógenos emergentes»-, que pueden suponer un mayor riesgo de contagio.

¿Qué pasa cuando se tiene neumonía?

Los síntomas más frecuentes de la neumonía son: fiebre, escalofríos, dificultad para respirar, dolor con la respiración, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, náuseas, vómitos, diarrea, a los que acompaña esputo verde o amarillo o también de color óxido.

Aunque en la mayoría de casos la enfermedad curse con fiebre (temperatura superior a 38°C) puede que en las personas de edad avanzada no se produzca. También pueden darse escalofríos y un cambio en el estado mental, como confusión o pensamiento confuso.

Cuando el médico piensa en la neumonía…

La neumonía suele diagnosticarse con la historia clínica completa, la exploración física y con una radiografía de tórax. La necesidad de realizar otras pruebas depende de la gravedad de la enfermedad y del riesgo de complicaciones de la persona: cultivo de esputo, prueba del antígeno en orina, análisis de sangre, medición del oxígeno de la sangre, broncoscopia.

El tratamiento de la NAC

El objetivo del tratamiento para los pacientes con NAC es detener la infección y prevenir las complicaciones. Se basa en lo que se conoce como tratamiento empírico, o sea, el que se prescribe antes de disponer de información completa y/o definitiva sobre la infección a tratar; es, por tanto, un tratamiento de probabilidad. La mayoría de los pacientes mejoran con este tipo de tratamiento.

¿Cuando es necesaria la hospitalización?

La mayoría de los pacientes recibe tratamiento antibiótico por vía oral en casa. Las personas que están gravemente enfermas o que tienen un mayor riesgo de complicaciones suelen ser hospitalizadas para poder monitorizar las frecuencias cardiaca y respiratoria, la temperatura y los niveles de oxígeno. En estos casos, generalmente, los antibióticos se administran por vía intravenosa durante los primeros días.

En cualquier caso, el período de hospitalización es variable y dependerá de la respuesta al tratamiento y de la existencia de otros problemas de salud.

La elección del antibiótico

La elección del antibiótico a utilizar se decide en función de varios factores, como la existencia de problemas médicos subyacentes y de la probabilidad de estar infectado por una bacteria que sea resistente a ciertos anti-microbianos.

Las personas con problemas de salud o aquellas que han utilizado antibióticos en los últimos tres meses tienen un mayor riesgo de infección por bacterias resistentes a éstos.

Y, lo más importante: terminar todo el curso de la medicación y tomarla estrictamente según lo indicado y pautado por el médico.

Dra. Olga Araújo Loperena

Dra. Olga Araújo Loperena
Especialista en Medicina Interna

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